Coversaba con mi buen amigo Tim Ruhe “Ossi”. Timoteo Silencio (qué buen nombre que tiene mi pana) es un Ossi, es decir, un alemán proveniente de la Deutsche Demokratische Republik, que hoy no es sino apenas una muestra de museo, después de que en 1990 se derrumbara el infame muro de Berlín.
El tema de la conversación era, por supuesto, la crisis mundial. Siempre es bueno conocer la opinión del querido Ossi, una especie de genio andante que, cuando llegó a terminar su secundaria en Warendorf (la ciudad de los caballos, en el hermoso estado de la Nordheirn Westfalen) ya lo sabía todo, porque así lo había aprendido ya en la DDR y, entonces, se dedicó a jugar fútbol, tomar cerveza de jueves a domingo y a hacer amigos ecuatorianos (realmente apenas hizo uno).
Hablábamos, por supuesto, de los efectos de la crisis mundial en Ecuador y en Alemania. Siempre he reprochado a mis amigos alemanes su pesimismo y su oscuro concepto del futuro, cuando realmente no tienen la más remota idea de lo que es pasarla mal. Y ésta no vez no podía ser la excepción: le dije a Ossi que ellos mucho se quejaban, que tengo casi diez años escuchándolos decir que ya mismo se van para el carajo pero que, en la práctica, siempre están bien, unas veces más, otras veces menos.
Él me dijo que no lo había pensado así, pero que tenía razón esta vez el Aussländer (a veces creo que fuimos y somos tan buen amigos porque ambos nos sentíamos extranjeros) y que los alemanes de todo se quejaban. Me contó entonces que Nokia decidió hace un par de meses cerrar su planta en la industrial Bochum. Yo, que conocía del caso, le pregunté qué opinaba, seguro de que recibiría una larga explicación de la situación.
Tim, Ossi, apenas me dijo que él estaba de acuerdo con la clausura de la planta. Yo me quedé desconcertado, y Ossi ante mi confusión (no podía esperar esto de un socialista) lo explicó en un solo pensamiento:
“Sí, los alemanes a principios de los noventa querían capitalismo. Y les dieron capitalismo. Después quisieron celulares y exigieron que fuesen baratos. Y, entonces, les dieron celulares y los hicieron baratos. Ahora, que están pagando el precio del capitalismo y los celulares baratos, se quejan ¿Tienes razón, quién entiende a los alemanes? No puedo creer que hubiésemos creído que todo esto no iba a tener consecuencias. Y es la hora de entender y pagar las consecuencias”.
Con su diáfana explicación, Ossi hizo claro el punto de cómo el sistema consumista que se veía triunfador hace pocos años, era ahora el causante de su propia debacle.
Siempre pienso en la respuesta de Ossi, cuando leo que Google despedirá a mil empleados, Microsoft a cinco mil, citigroup a la escalofriante suma de setenta y cinco mil empleados.
Ni mencionar a la historia de terror de Brasil, donde en diciembr ehubo seiscientos mil (sí, ajá 600.000) despidos. O pensar en el propio presagio de los trabajadores argentinos, que creen que más de un tercio de ellos perderá su plaza de trabajo en dos mil nueve.
Tienes razón, Ossi, es la hora de pagar las consecuencias.
Etiquetas: DDR, desempleo, imputación política, Ossi

17/02/2009 a las 17:09
[...] Y es la hora de pagar las consecuencias. [...]
17/02/2009 a las 17:11
[...] Y es la hora de pagar las consecuencias. [...]
19/03/2009 a las 00:40
[...] De ahí, qué se puede decir, sino recordar cuanta razón tiene el amigo Ossi. [...]